Cada año, más de 200 millones de personas se ven afectadas o desplazadas por desastres naturales que dejan un tras de sí más de 100.000 vidas perdidas y una factura económica considerable.

En muchos casos estos eventos catastróficos tienen lugar en zonas donde no hay una información completa sobre el número de personas que residen en ellas así como otros detalles relacionados con las infraestructuras.

Organizaciones humanitarias de todo el mundo estén colaborando con la intención de crear mapas que permitan protege a las comunidades vulnerables antes, durante y después de los desastres.

La Cruz Roja Americana, la Cruz Roja Británica, Médicos Sin Fronteras y el Equipo Humanitario OpenStreetMap se han unido para crear ‘Missing Maps’, un proyecto abierto a la colaboración de todo el mundo que pretende trazar mapas detallados de las comunidades humanas y las infraestructuras (edificios, carreteras, instalaciones sanitarias, puntos de agua potable, escuelas, etc.) en los lugares en los que no existen, generalmente países en desarrollo que a menudo tienen recursos limitados frente a los desastres naturales. El objetivo final es que sirva como herramienta en caso de emergencia y también para cuantificar el riesgo de exposición.

Junto a esto, las redes sociales, que conectan ya a unos 3.200 millones de personas, también pueden ser una valiosa herramienta de comunicación en caso de desastres naturales. El huracán Harvey, el fenómeno más grave de este tipo sufrido en Texas hasta la fecha, ofreció en 2017 el primer gran ejemplo de la utilidad de las plataformas sociales como ‘Nextdoor’ una red privada creada para canalizar llamadas de emergencia y peticiones de rescate. Además, cientos de personas utilizaron Twitter y Facebook para pedir auxilio lo que ayudó a las autoridades a priorizar sus esfuerzos.

Ya en 2011, tras el terremoto de Christchurch (Nueva Zelanda), las autoridades comenzaron a utilizar los medios sociales para trasladar a la población información sobre las medidas de autoprotección a adoptar, entre otras.

El caso de Camboya

Las inundaciones han sido durante mucho tiempo una amenaza constante para los habitantes de Camboya, sin embargo, los riesgos asociados a este tipo de eventos inundaciones están cambiando. En 2011 una inundación más intensa de lo normal desató una epidemia de dengue.

CAFOD, una organización católica internacional, utilizó herramientas avanzadas de mapeo que le permitieron identificar, comprender y visualizar mejor los riesgos de inundación. En este caso, se produjo una cooperación entre profesionales de la gestión de riesgos y organizaciones sin ánimo de lucro. La tecnología, originalmente diseñada para ayudar a las empresas a medir los riesgos derivados del clima y los desastres naturales, se usó para desarrollar mapas más sofisticados que mejoren la preparación de las comunidades rurales de todo el país ante las catástrofes.

Brad Weir, jefe de análisis en AON, formó parte de este proyecto: “Combinar datos sobre la población con información geográfica y sobre el historial de inundaciones nos permitió crear evaluaciones de riesgo detalladas para las comunidades vulnerables”.