La industria tal y como la conocíamos ha dado un giro de 180 grados. Gracias al auge de las nuevas tecnologías, el Internet de las Cosas y el Big Data, los procesos de fabricación de cualquier producto se han automatizado y digitalizado por completo. Atrás quedaron esos tiempos donde el factor humano resultaba esencial en el sector industrial. En la actualidad, con un software o máquina conectada de forma remota, es posible gestionar la producción en cualquier fábrica apretando un simple botón.

Esto es lo que se conoce como Industria 4.0, una nueva tendencia tecnológica que se caracteriza por ofrecer las siguientes ventajas:

● Capacidad de adaptarse a la demanda en tiempo real. De esta manera, se evita el excedente de stock.

● Profunda transformación de los entornos de trabajo y las fábricas en general. Todas ellas en su conjunto tienen la finalidad de mejorar la productividad.

● Apostar por un servicio al cliente más cercano y profesional. Para ello, se añaden servicios a los productos físicos.

● Análisis de la información obtenida. En la actualidad, es posible adquirir una gran cantidad de datos relevantes sobre los usuarios. Con éstos, se puede después fabricar un producto mucho más adaptado a sus gustos y preferencias.

● Auge de la inteligencia artificial, que se extrapola a cualquier maquinaria industrial.

El cibercrimen aumenta

A pesar de que la industria 4.0 ofrece todo tipo de beneficios a cualquier sector, también existen una serie de riesgos que merece la pena mencionar. El más importante de todos ellos tiene que ver con la ciberseguridad. Debido a que prácticamente cualquier proceso de producción está informatizado, es inevitable encontrarse más expuesto a un ataque informático en forma malware.

Cualquiera de ellos puede poner en peligro la viabilidad de una empresa, independientemente de cuál sea su tamaño. Por esta razón, es muy relevante que compañías de todo el mundo empiecen a tomar las medidas correspondientes con el objetivo de combatir el ‘cibercrimen’ y, de esta manera, salvaguardar aquellos datos relevantes y/o confidenciales.

De hecho, el gasto empresarial en ‘ciberseguridad’ se situó en 2018 en los 114.000 millones de dólares, una cifra que supone un 12,4% más respecto al año anterior.

Desafortunadamente, en la mayoría de ocasiones estas acciones son insuficientes. De ahí que sea necesario potenciar la ‘ciberseguridad’ a través de otras rutinas como las que vamos a describir a continuación.

  • Actualización de los sistemas operativos y antivirus. Todos los equipos informáticos y el resto de la maquinaria que esté conectada entre sí a través de una conexión local o de internet debe ser debidamente actualizada.
  • Creación de protocolos de seguridad. De esta manera, es posible combatir cualquier situación de crisis en la mayor brevedad posible.
  • Migración de datos a la ‘nube’. Se consiguen así copias de seguridad en caso de que los archivos originales hayan sido extraídos por terceras personas.
  • Cambiar contraseñas habitualmente; tanto de la red Wi-Fi como las que dan acceso a los perfiles de usuario.
  • Evitar malas prácticas, como por ejemplo abrir correo que sea considerado spam o navegar por páginas webs de dudosa legalidad. También es desaconsejable aportar información confidencial en internet, como por ejemplo datos bancarios o PIN de tarjetas de créditos.
  • Apostar por sistemas biométricos en cualquier control de acceso. Para ello, es posible instalar detectores de huella digitales o de pupila.

Artículo publicado en la Sala de Prensa de MAPFRE.