La ‘descarbonización’ de la economía es uno de los retos relacionados con el medioambiente que figura en la agenda internacional desde hace tiempo, pero el cambio climático presiona para acelerar la transición y la industria aseguradora quiere sumarse a esta tendencia.

¿Qué es el ‘divestment’? Pues es lo contrario a ‘investment’, es decir, la venta de cualquier activo, pero en este caso se trata de aquellos directamente relacionados con un alto consumo de combustibles fósiles y que, por lo tanto, se asocian al calentamiento global y al cambio climático.

La industria aseguradora no es ajena al riesgo que suponen los fenómenos climáticos extremos de cuya mayor virulencia muchos expertos culpan al aumento de la temperatura media del planeta. El año pasado las pérdidas aseguradas por desastres naturales alcanzó los 80.000 millones de dólares, según un estudio de MUNICH RE. De esta cantidad, el 66% correspondieron a fenómenos meteorológicos, el 35% a la climatología, el 6% a la hidrología y el 3% a causas geofísicas.

«Entre las conclusiones que extraemos de los eventos ocurridos en 2018 está la confirmación de que los riesgos catastróficos continúan evolucionando. La compleja combinación de factores socioeconómicos, cambios de población y exposición en las localizaciones vulnerables, así como un clima cambiante que se traduce en unos modelos climáticos más volátiles, obliga a abrir nuevos debates sobre cómo gestionar suficientemente la necesidad de implantar medidas de mitigación y resiliencia», apunta Steven Bowen, director del Impact Forecasting de AON y meteorólogo.

Por eso la industria aseguradora pretende contribuir a los planes de descarbonización de su economía que varios países occidentales tienen ya sobre la mesa. Un informe de ONU Ambiente estima que el coste de adaptarse al cambio climático en países en desarrollo podría situarse entre los 280.000 y 500.000 millones de dólares al año.

La descarbonización también ha llegado a llegado a las carteras de inversión y de los clientes de las aseguradoras, que también empieza a diseñar nuevos productos asociados a proyectos más sostenibles desde el punto de vista medioambiental.

 

Empresas vetadas

AXA anunció en 2015 una primera reducción de sus inversiones en negocios relacionados con el carbón y en 2017 hizo públicos sus planes para desinvertir en activos de carbón 2.740 millones de dólares y otros 700 millones en arenas bituminosas. También se comprometió a no invertir en compañías que logran más del 30% de sus ingresos del carbón, de acuerdo con la denominada ‘Lista global de salida del carbón’.

Aseguradoras como ALLIANZ, SWISS RE, AXA, AVIVA, ZURICH siguen esta tendencia en la que también se han embarcado entidades como el Fondo de Pensiones del Gobierno Noruego.

En 2012, un grupo de compañías de seguros se aliaron con la Iniciativa Financiera de ONU Ambiente (UNEP FI), para crear los Principios para la Sostenibilidad en Seguros (PSI, por sus siglas en inglés), que trazan una hoja de ruta para que estas empresas alineen su estrategia con el desarrollo sostenible a partir de los criterios Ambientales, Sociales y de Gobierno Corporativo (ASG).