El número de transacciones de pago digitales está aumentando rápidamente, en especial en mercados en desarrollo de Asia (32%) y la región CEMEA (Centroeuropa, Oriente Medio y África) (19%), según recoge el ‘Informe Mundial de Pagos 2019’ elaborado por Capgemini.

Se prevé que el volumen de pagos digitales en todo el mundo supere el billón en 2022, lo que equivale a una tasa de crecimiento anual compuesto del 14%. Aun así, en un mercado definido por la innovación, “muchas entidades tradicionales tienen más miedo que optimismo sobre el ritmo y la dirección del cambio”, señala el informe, por lo que en algunos casos los modelos de ‘banca abierta’ (intercambio de datos, colaboraciones en ecosistemas digitales y plataformas desbloqueadas) solo se adoptan cuando lo exige la normativa, “en vez de considerarlo una oportunidad de diferenciación, fidelización del cliente y liderazgo del mercado”.

Frente a la pujanza de los principales mercados asiáticos, Latinoamérica y MEA en este terreno, con un crecimiento anual superior al 23%, llama la atención lo que sucede en mercados maduros, incluida la región APAC, Europa y Norteamérica donde el avance es mucho menor, del 7%. En cuanto al cómputo mundial, el número de transacciones electrónicas aumentó un 12% en 2017, hasta los 539.000 millones.

Las tarjetas de débito fueron el instrumento de pago electrónico que más rápido creció, un 17% en 2017, por delante de las tarjetas de crédito (11%) y las transferencias (10%).

La banca no arriesga

El informe concluye que las entidades tradicionales se muestran cautas sobre la ‘banca abierta’ y los nuevos competidores. Así, menos de la mitad (48%) de los directivos encuestados señaló que tienen planeado utilizar una API (Application Program Interface) más allá de lo necesario para el cumplimiento normativo, mientras que una clara mayoría (63%) mencionó como principal amenaza el hecho de que competidores bigtech se apalanquen en las infraestructuras de banca y pagos para ampliar su alcance.

Aunque los bancos avanzan de forma progresiva, si bien con demasiada lentitud, hacia un enfoque más abierto basado en datos y en la ‘nube’, persisten las reticencias a adoptar totalmente el open banking. El 90% identificó los modelos de negocio basados en un ecosistema como clave para su éxito a largo plazo, pero solo el 44% mostró interés por crear y organizar uno propio.

Evolución a golpe de leyes

La evolución hacia un ecosistema de pagos integrados ha sido propiciada, en parte, por cambios regulatorios centrados en la normalización y la interoperabilidad. Entre estos están una plataforma de identidad digital compartida, directrices de interoperabilidad y la compensación de pagos en tiempo real.

De hecho, gran parte del trabajo de transformación digital en el 60% de los bancos responde a una exigencia normativa. De nuevo, la mayoría de los bancos no tiene pensado implementar API que compartan datos en áreas que incluyen extractos interbancarios (53%), pagos sujetos a condiciones (53%) y ubicación de cajero o sucursal (67%). En los casos en los que no se exige a los bancos compartir más datos, normalmente, eligen no hacerlo porque no se ve como una oportunidad de crecimiento.