El estudio ‘Sistemas de salud: un análisis global’ que la Fundación MAPFRE ha presentado esta semana analiza la eficacia de la sanidad en 180 países; los mejor puntuados son Japón, Suiza, Corea del Sur, Singapur e Islandia.

¿Pero cómo se mide esa eficacia? El estudio asume que un sistema sanitario es más eficaz si muestra una mayor capacidad para controlar la mortalidad de grupos vulnerables (niños de 0 a 4 años), la mortalidad por morbilidad general causada por enfermedades no transmisibles –cáncer, diabetes, enfermedades cardiovasculares, etc.- y cuanto mayor es la esperanza de vida.

A partir de esos indicadores se ha creado el Indicador de Eficacia de Sistemas de Salud (IESS) que deja a un lado cuestiones como el gasto sanitario “dada la gran dispersión que se observa en los datos” cuando se comparan “con los efectos positivos” que se han medido. Sin embargo, si se hubiera considerado exclusivamente el gasto sanitario, EE UU habría sido, con mucha diferencia, el mejor parado de la comparativa: en 2017 representó el 17,1% de su PIB, es decir, 8,2 puntos más que la media de la OCDE. “Es el mayor del mundo en términos absolutos y prácticamente también en términos relativos”, destacó el director de Análisis, Estudios Sectoriales y Regulación del Servicio de Estudios de MAPFRE, Ricardo González.

Modelos para el futuro

El estudio analiza con más detalle los sistemas de salud de 11 países “que pueden servir de referencia a la hora de diseñar políticas públicas en este ámbito”, a partir de indicadores como el gasto sanitario total respecto al PIB, el gasto per cápita por fuentes de financiación y la penetración de los seguros privados de salud, entre otros. Si se combinan esos criterios, Chile ocupa el octavo lugar de esos 11 países, Brasil el décimo y México el undécimo.

Con todo, “los sistemas de salud del mundo se están enfrentando a grandes desafíos que implican adoptar políticas públicas para hacerlos sostenibles”, recordó Manuel Aguilera, director general del Servicio de Estudios de MAPFRE. A este respecto, una de las recomendaciones de cara al futuro es apoyarlos con coberturas complementarias de tipo empresarial o privadas individuales “para aliviar la presión ante el envejecimiento poblacional”. De esta forma, tal y como expuso González, se podrían destinar más recursos a cuidados a largo plazo y de tipo paliativo.

Otras “buenas prácticas” recogidas en el informe consisten en la introducción de incentivos a la contratación de seguros voluntarios, los comparadores electrónicos de precios y coberturas, y la creación de planes de ahorro de medio y largo plazo para atender las necesidades de salud.

Chile

De acuerdo al IESS, Chile se sitúa, como se ha dicho, en octavo lugar de los 11 países analizados en este informe ( y en 29º en el ranking global), justo por delante de Estados Unidos y por detrás del Reino Unido. El gasto sanitario respecto al PIB fue del 8,1% en 2017, mientras que la penetración de los seguros privados de salud en ese año fue del 0,3% del PIB.

El actual sistema sanitario chileno responde a un modelo mixto de corte bismarkiano con elementos del modelo Beveridge –el de los países escandinavos-, integrado por un seguro público, el Fondo Nacional de Salud (Fonasa), y planes de salud privados gestionados por las Instituciones de Salud Previsional (Isapres), que surgen con la idea de mejorar la oferta sanitaria y capacidad de elección de los ciudadanos. La financiación proviene de diferentes fuentes, principalmente del Estado, las cotizaciones de trabajadores y de las empresas.

Según la última información disponible, de los 17,6 millones de habitantes de Chile, los afiliados al Fonasa están en torno a 13,5 millones de habitantes, 3,4 millones se encuentran afiliados a una Isapre, y 0,4 millones serían beneficiarios del seguro de las Fuerzas Armadas y Carabineros. El resto de la población (en torno a 0,3 millones) no está cubierta por un plan o seguro de salud.

Destaca el elevado porcentaje de gasto de los hogares en salud que en 2015 representaba el 32,2% del total de gasto sanitario per cápita, el segundo mayor de la muestra de sistemas analizados por MAPFRE, tras México.

Brasil

La mayor economía de América Latina se sitúa en décimo lugar en el IESS (58º en el ranking global), detrás de Estados Unidos y por delante de México. En términos de gasto sanitario respecto al PIB, el indicador se situó en torno al 8,9% en 2015, y la penetración de los seguros privados de salud en 2017 fue del 0,6% del PIB.

Su sistema sanitario responde al modelo Beveridge. No obstante, a pesar de existir una cobertura pública gratuita universal, el peso del sector privado es significativo, a través de la denominada cobertura de salud suplementaria. La actual configuración del sistema público proviene de finales de la década de los ochenta, cuando pasó de seguir un modelo de seguro social (que cubría solamente a las personas con un contrato de trabajo) a un modelo de servicio nacional de salud, con la creación del Sistema Único de Salud (SUS), de acceso universal y financiado con recursos fiscales. El SUS fue creado en 1988 a raíz de la inclusión en la Constitución del derecho de asistencia integral y gratuita para toda la población.

El sector privado de salud en su conjunto se denomina Sistema de Atención Médica Suplementaria (SAMS) y es supervisado por la Agencia Nacional de Salud Suplementaria (ANS). Los usuarios son las empresas y familias, quienes adquieren Planes de Salud y Seguros de Salud colectivos o individuales. Los seguros de salud se distinguen por ser principalmente de reembolso y posibilitan la libre elección de médico u hospital, mientras que los planes de salud son principalmente de prestación de servicios dentro de un cuadro médico y hospitalario predefinido siendo estos los más habituales.

México

México se sitúa en undécimo lugar de los 11 países analizados (67 en el ranking global). En términos de gasto sanitario respecto al PIB, el porcentaje se situó en torno al 5,4% en 2017, en tanto que la penetración de los seguros privados de salud fue del 0,3% del PIB.

El sistema sanitario mexicano responde a un modelo mixto de corte bismarkiano con elementos tanto del sistema Beveridge como del de libre mercado. En este sistema pueden distinguirse tres grandes componentes: las instituciones de seguridad social vinculadas a una relación laboral; los servicios de salud para la población no asegurada (Seguro Popular), y los servicios privados, estos últimos los de mayor peso del sistema en la actualidad, considerados individualmente.

El Seguro Popular ofrece cobertura a través de dos paquetes de beneficios de salud: el Catálogo Universal de Servicios Esenciales en Salud (CAUSES), y las intervenciones financiadas a través del Fondo de Protección Contra Gastos Catastróficos. Adicionalmente, existe un programa denominado IMSS-Prospera que ofrece a las poblaciones marginadas de zonas rurales y urbanas un paquete básico gratuito de servicios de primer nivel de atención y de prevención en salud.

Llama la atención el elevado porcentaje de gastos de los hogares en salud que, en 2015, representaba el 41,4% del total de gasto sanitario per cápita, el mayor de la muestra analizada.

El gasto en salud por parte del subsistema de salud privado mexicano representó un 2,6% del PIB en 2017. Aquí están encuadrados aquellos que por su condición laboral no cuentan con acceso a la seguridad social (autoempleados, trabajadores asalariados informales, desempleados), no están inscritos en el Seguro Popular, no reciben atención en los servicios públicos de salud y en los sistemas de salud estatales, o no son beneficiarios del programa IMSS-Prospera.

Por otra parte, las empresas aseguradoras privadas ofrecen dos tipos de coberturas: el seguro de gastos médicos mayores y el seguro de salud suscrito con Instituciones de Seguros Especializadas en Salud (ISES). Estas últimas están autorizadas a ofrecer seguros de accidentes y enfermedades en el ramo de salud.

Tienen la facultad de vender seguros privados y el objetivo debe ser siempre el prevenir o restaurar la salud del asegurado de forma directa y con recursos propios, combinación de ambos o mediante acciones que se realicen en su beneficio.