Las grandes infraestructuras se enfrentan en la actualidad a una ingente cantidad de riesgos, devenidos de la cada vez mayor complejidad de los proyectos. La implantación de herramientas de digitalización y la automatización en el sector ayudan a mejorar la viabilidad de las edificaciones, con un uso más sostenible de los recursos disponibles y la instauración de modelos predictivos más certeros, lo que está derivando en una mayor rentabilidad de las obras.

Por su dimensión y sofisticación, las grandes infraestructuras se enfrentan a multitud de riesgos, empezando por los relacionados directamente con su construcción. Desde una perspectiva estratégica, podrían deberse a fallos de diseño y riesgos de obsolescencia, de infrautilización, de financiación o incluso de origen regulatorio, como reconoce Fernando Vizoso, director del Área de Infraestructuras y Transporte de KPMG en España, en un artículo publicado por la revista de MAPFRE Global Risks. En un plano más táctico se encuentran los riesgos de edificación, concretados en desviaciones en tiempo y coste, geotécnicos, climatológicos, relacionados con el desempeño de la cadena de suministro y la mano de obra, de carácter social o medioambiental.

Ante ellos, las nuevas tecnologías tienen un papel “absolutamente clave, sobre todo en lo que tiene que ver con el uso de drones, videovigilancia, reconocimiento facial, monitorización y detección temprana de emergencias o accidentes, etc”, enumera el experto. Toda una serie de avances innovadores que hasta hace unos años no tenían gran aplicación en este sector y que han repuntado en los últimos tiempos.

Hacia una mayor implicación tecnológica

Tradicionalmente se han tratado de ramos que no han apostado en exceso por la innovación, tanto las propias empresas de ingeniería y construcción como la industria tecnológica, muy volcada en otros segmentos como el financiero, consumo, utilities, servicios, etc., como señala Vizoso. El Foro Económico Mundial (WEF) atribuyó esta lenta inclusión de nuevas tecnologías a “la persistente fragmentación de la industria, la inadecuada colaboración con proveedores y contratistas, las dificultades en la contratación de una mano de obra con talento y la transferencia insuficiente de conocimientos de un proyecto a otro».

Con todo, la situación ha cambiado radicalmente. La magnitud de las obras, cada vez más grandes, más lejanas y en localizaciones y contextos complicados, ha elevado las soluciones tecnológicas a la categoría de “imprescindibles”, ya que la gestión de los riesgos en torno a estos megaproyectos y la mejora de su rentabilidad requieren recursos innovadores que hagan factibles las operaciones.

Desde la última crisis económica mundial, las empresas de construcción que han apostado por la tecnología y se han subido decididamente al carro de la innovación han salido reforzadas. Además, la búsqueda de nuevos nichos de mercado ha llevado a las tecnológicas a abrirse a espacios de colaboración con compañías de infraestructuras. Un proceso de encuentro entre ambas industrias en el que las empresas de ingeniería y las consultoras están jugando “un rol muy interesante como intermediarias”, ratifica el experto de KPMG.

En la actualidad, el uso de los drones está normalizado (levantamientos topográficos, seguimiento de obras en localizaciones complejas o monitorización de infraestructuras para su conservación), pero también el de robots (especialmente en edificación), el control remoto a través de video y sensorización e, incluso, técnicas de análisis de datos y Big Data aplicadas al control de las desviaciones en obra y el planteamiento de diseños eficientes.

En este sentido, Vizoso alaba herramientas como las versiones avanzadas de BIM (Building Information Modeling), que están teniendo un enorme impacto en el diseño, la operación y la construcción de grandes infraestructuras, lo que devendrá en una mejora significativa de los costes directos, la calidad, los retrasos y la seguridad en toda la cadena de valor del sector.

El futuro de la construcción

Gestionar los datos y combatir los ciberataques

Las mayores inversiones en materia tecnológica que se están realizando en el sector se centran fundamentalmente en dos aspectos:

El uso de datos. Tanto en las fases de diseño y operación como el mantenimiento predictivo. “Hoy en día es absolutamente factible crear modelos predictivos que permitan simular el efecto de multitud de variables sobre la marcha de un proyecto”, aprecia el director del Área de Infraestructuras y Transporte de KPMG en España.

La protección de las edificaciones frente a amenazas como los ciberataques. Las empresas de ingeniería y construcción están adoptando políticas internas de gestión del riesgo cibernético para evaluar y administrar la exposición a esos ataques.

No obstante, el hecho de que las infraestructuras tengan que ser capaces de integrarse y conectarse a la tecnología -como es el caso de los edificios inteligentes, los vehículos autónomos y los sistemas de tránsito- ha propagado el uso de datos y las amenazas cibernéticas sobre las grandes obras, pues esa conectividad afecta incluso a la forma en que se construyen, se operan y se mantienen las estructuras. Y esta tendencia no para de crecer. Si en 2010 las construcciones inteligentes a lo largo del mundo generaron 1,2 ZB* de información, en 2015 esa cifra ya se disparó hasta los 7,8 ZB y se espera que en 2020 esa cantidad ascienda a los 37,2 ZB, según el informe ‘Big Data, Big Impact: new possibilities for international development’, del Foro Económico Mundial. (* ZB =Zettabyte. Unidad de almacenamiento de información equivalente a 1 trillón de Gigabytes)

Por eso, Fernando Vizoso considera que en un mercado muy competitivo como el de las infraestructuras, los proyectos se plantean cada vez con una mayor sofisticación en su concepción y diseño, por lo que “las compañías que no pueden ofrecer soluciones a ese nivel y dotar de ‘inteligencia’ a sus proyectos, corren el riesgo de quedarse fuera del mercado”.

Consulte aquí los próximos retos y las tecnologías digitales aplicadas a la cadena de valor de Ingeniería y Construcción dentro en el artículo publicado en la Revista Gerencia de Riesgos y Seguros. MAPFRE Global Risks