Por María Lacarra, socia de Auditoría y responsable de Metodología en auditoría de KPMG en España 

Las tecnologías emergentes están transformando también la auditoría. Nos ofrecen emocionantes posibilidades para las capacidades de la auditoría, permitiendo analizar conjuntos de datos cada vez mayores con más precisión y granularidad. Pero esto no sucederá de manera aislada en las firmas de auditoría; las empresas también desarrollarán a gran velocidad nuevas herramientas y adaptarán las tecnologías para transformar sus procesos.

Esta evolución implica que, si bien la independencia, la objetividad y el escepticismo profesional siempre serán la piedra angular de nuestro trabajo, las tecnologías van a mejorar la comunicación y la colaboración con las organizaciones que auditamos y  es muy probable que la relación con nuestros clientes sea cada vez más interactiva y continuada, a medida que el flujo de datos entre la empresa y el auditor pase a ser más constante.

Un buen ejemplo de esta realidad es nuestra plataforma tecnológica KPMG Clara, que ha desarrollado ya un ecosistema más colaborativo para compartir información y comunicarnos con las compañías que auditamos. Con este tipo de plataforma colaborativa se consiguen dos objetivos:

  • El primero, gestionar las peticiones y recepción de información de forma centralizada, evitando el uso masivo de correos electrónicos y permitiendo una trazabilidad y seguimiento en cada momento del avance de la auditoría.
  • El segundo, nos ayuda a presentar nuestros hallazgos sobre los datos analizados de las empresas, con unas potentes capacidades de visualización

Y todo apunta a que esto irá a más. Asistiremos a un incremento del nivel de interacción continuo en nuestros encargos. Esto mejora nuestra comprensión del flujo de transacciones que realiza la empresa y nos permite formular preguntas más precisas sobre aquellas operaciones que destacan entre las demás de forma continua. Aprendemos y nuestra tecnología aprende de los datos de las empresas que auditamos.

Si bien es cierto que los sistemas ERP suelen personalizarse, lo que complica la aplicabilidad de un modelo de datos estándar, el avance hacia una mayor alineación de las interfaces entre los sistemas ERP y las capacidades tecnológicas de las firmas de auditoría va a marcar la tendencia de los próximos años, permitiendo así al auditor analizar los conjuntos de datos a través de un prisma de auditoría específico con orientación sectorial.

Auditar tecnologías y tecnologías para auditar

Por otro lado se observa una tendencia de las empresas para racionalizar y estandarizar sus sistemas financieros (algunas multinacionales tienen hasta 50 o 60 sistemas heredados), filtrando y limpiando sus datos, para aplicarles un formato único estandarizado, lo que ayudará a sus departamentos de auditoría interna y finanzas, así como a los auditores a explotar estos datos de una forma más automática y establecer comparables empresa a empresa.

No hay duda que las nuevas tecnologías representan un camino por recorrer para auditores y empresas por igual. Aspectos como analizar la posibilidad y el modo de sacar partido del Blockchain, en qué medida implantar sistemas en la nube y a qué áreas del negocio aplicar la robótica y la inteligencia artificial son, todas ellas, cuestiones urgentes para organizaciones de todos los sectores. Tendremos que auditar las implantaciones que realicen y utilizar las nuevas tecnologías como apoyo para ejecutar nuestra auditoría en paralelo.

Todo apunta a que la dinámica de la relación entre el auditor y la empresa va a experimentar una notable evolución gracias a la aplicación de herramientas tecnológicas avanzadas, con ventajas no sólo para los gestores de la empresa y los propios auditores, sino también para los distintos grupos de interés que operan en el mercado.

En definitiva, la tecnología unida al conocimiento profesional del auditor permite reforzar la cadena de valor y  confianza que se pone en marcha al someter a revisión unos estados financieros.