El mercado de los seguros necesitará pruebas sólidas sobre el impacto de las medidas innovadoras -propias o derivadas de la actual normativa de modernización- en el crecimiento y desarrollo del negocio.

Después de dos años de las medidas impulsadas por la Superintendencia de Seguros Privados (Susep), la evidencia es que es muy difícil de estimar. La maduración del proceso de innovación es larga y depende de muchas variables que van más allá de las iniciativas de las empresas y su respuesta a los estímulos normativos.

Es de suponer que el transcurso del proceso de innovación debería traer consigo i) nuevos niveles de crecimiento en los ramos de seguros por su mayor sensibilidad a la venta directa por medios remotos; ii) mayor penetración en la población por la reducción de los costes de proceso y transacción; iii) mayor flexibilidad por la introducción de nuevos productos o «combos» en los ramos ya existentes; iv) aparición de ramos que hasta entonces no tenían protagonismo por las regulaciones restrictivas o la falta de incentivos a la modernización y competitividad, entre otros atributos.

Con el fin de formar una base de datos simplificada para seguir el proceso y los ciclos de las innovaciones, comprobé la información publicada mensualmente por la Susep, estructurándola, en estadísticas de 12 meses, por grandes segmentos de seguros y sus ramos. Una vez obtenidos los datos, se calculó la contribución en puntos porcentuales de cada rama en el crecimiento que se produjo entre el periodo que finaliza en abril de 2019 (inicio de la normativa modernizadora de Susep) y abril de 2021. El cuadro también contempla la cuota de cada línea de negocio en la recaudación total en los dos puntos de la serie de datos.

En resumen, los resultados muestran -y no podía ser de otra manera- que el patrón de evolución del mercado de seguros no ha sufrido aún una transformación significativa que pueda atribuirse a los estímulos regulatorios.

La expansión del mercado sigue el mismo patrón de los últimos años, lo que parece deberse a la gran capacidad de transformación de las propias compañías de seguros de No Vida y responsabilidad civil y de Vida -especialmente las inversiones en tecnología, procesos y gestión- en respuesta a la reciente demanda sostenida de la población incluso en tiempos de pandemia (e incluso después de ella), ahora más dirigida a los ramos «propandémicos», como los seguros de vida riesgo y los seguros patrimoniales masivos que atienden a residencias y establecimientos comerciales y de servicios.

Además de estas líneas, sujetas a una creciente competencia en el mercado, las más dinámicas siguen siendo las que ya venían respondiendo positivamente al ciclo económico. Son el seguro rural, el seguro de crédito y las garantías, el seguro de transporte y el seguro de responsabilidad civil. También se ha beneficiado del ciclo de la pandemia.

El proceso de innovación acaba de empezar

Es evidente que las estimaciones del impacto regulatorio del proceso de innovación requerirán una visión estadística equitativa de la dispersión del negocio entre las empresas incumbentes (espacio competitivo para las que ya están en el mercado) y entre éstas y las «recién llegadas» (insurtechs y otras), ya sean nuevas empresas o las que surjan del embudo «sandbox» regulado por Susep.

En resumen, el proceso de innovación acaba de empezar. En el futuro seguiremos teniendo un seguro abierto. Por ello, el mercado de los seguros necesitará mediciones más asertivas del impacto de la regulación y de la creación de valor que puedan ir más allá de la voluntad de los reformistas, de las inmediatas inyecciones de capital de los ilusionados inversores y del marketing que siempre puebla los medios de comunicación.

Estoy seguro de que los profesionales de los seguros especializados en inteligencia de datos aportarán muchos más parámetros y variables para el seguimiento del impacto en el futuro. Es necesario empezar ahora. Incluso para permitir la corrección del rumbo.

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