La temporada de huracanes en el Caribe está llegando a su fin. Este 2020 será uno de los años más activos, con 26 tormentas tropicales registradas, de las cuales 9 han alcanzado la categoría de huracán.

Laura y Delta han sido por ahora los más significativos, dado que han alcanzado velocidades de viento superiores a los 200 kms/h.

Cuando el epicentro de un huracán pasa por un hotel, hay que proceder a la reconstrucción casi completa de la instalación. Si se trata de una autopista, los daños pueden afectar a estructuras y puentes, debiendo las concesionarias asumir gastos muy relevantes para devolver la instalación a su estado previo. Por tanto, parece lógico pensar que, si una compañía tiene presencia en una de estas zonas, se asegure de la forma más completa posible para minimizar estos impredecibles riesgos. Sin embargo, en ocasiones el ahorro en costes tiene prioridad.

La primera aproximación para asegurar estos fenómenos es desde las pólizas de Daños Materiales, dado que no hay un tercero a quien reclamar por los daños, ni hay en esa parte del mundo, un Consorcio de Compensación de Seguros como en España que pueda cubrir estos daños. La cobertura específica -CAT/NAT- incluye fenómenos como tormentas tropicales, huracanes, terremotos o tsunamis. No obstante, es una cobertura costosa de contratar dada la frecuencia de estos fenómenos y el elevado daño que causan.

Históricamente se han incluido siempre estas coberturas dentro de las pólizas de Daños Materiales, pero son las coberturas más agravadas, consumiendo en algunos casos más del 65% de la prima. Se incluyen además franquicias muy altas para estas coberturas (franquicias porcentuales desde un 2% a un 20% sobre la suma asegurada y/o franquicias fijas desde medio millón a 10 millones de euros). Esta combinación supone que el riesgo catastrófico sea el más caro de asegurar y, además, del que el asegurado asume mayor porcentaje del riesgo, dado que en caso de siniestro soporta una parte muy significativa de los daños.

Ante ello, la alternativa son las pólizas paramétricas de CAT/NAT, diseñadas para cubrir este tipo de riesgos exclusivamente (huracanes, tsunamis, terremotos…) pero no para cubrir daños eléctricos, por robo o similares. Estas tienen un funcionamiento sencillo. Operan con un trigger o desencadenante, a partir del cual comienzan a abonar indemnización y está delimitado por la velocidad del viento. También se pueden contratar con trigger combinados que midan, además, la distancia del centro del huracán sobre la localización asegurada. Son muy agiles en caso de siniestro, ya que no requieren peritación de los daños, documentación justificativa adicional o aclaraciones del asegurado. Se mide el viento, se valora el trigger y en pocos días se liquida la indemnización.

Contratar una buena cobertura, clave

Parece todo muy interesante hasta que llega la hora de tarificar. Son pólizas con tasas muy elevadas y no se cubre casi nunca el 100% del valor de activo, sino que se llega a cubrir hasta el 15% – 20%. Ahora bien, la significativa rebaja en la prima de Daños Materiales al eliminar la cobertura del CAT/NAT, hace que empiece a resultar interesante revisar los programas de seguros. Tenemos un mercado muy dinámico, que ofrece distintas soluciones a través de aseguradoras especialistas que se adaptan a cada caso.

Sin embargo, las pérdidas por eventos catastróficos en 2019 ascendieron a 69.000 millones USD, siguiendo al alza la tendencia de los últimos diez años. En cuanto a la parte asegurada en pólizas de seguros, casi la mitad se localiza en Norteamérica y Caribe. 2020 será un año con costes más elevados aún dada la cantidad de fenómenos registrados.

Esto nos da una perspectiva de la magnitud del riesgo al que están expuestas las empresas con intereses localizados allí. Sectores clave para la economía como construcción y hotelero se están viendo desde hace años muy afectados por esta situación, teniendo que valorar muy detalladamente la transferencia de sus riesgos.

Covid, un riesgo más que añadir

Si además añadimos a estos riesgos catastróficos la situación económica que ha creado el Covid, el problema se agrava notablemente si no se tiene una buena cobertura de seguros. Numerosas compañías han visto cómo su facturación caía en picado con motivo de la pandemia, han tenido que asumir gastos de adaptación importantes y disponen de menos recursos para hacer frente a imprevistos como estos. Es ahora, por tanto, más importante que nunca tener una buena cobertura contratada que proteja a las empresas en estos tiempos tan convulsos.