La pandemia ha impulsado la salud digital en el escenario global. «Los proveedores de atención médica tratan de aprovechar la tecnología para ayudar a combatir la crisis. Esta revolución de la salud digital reconfigurará de forma profunda y permanente el modo en que se accede y se presta la asistencia sanitaria«, afirma Kirsten Beasley, directora de la correduría de Seguros Médicos para América del Norte de Willis Towers Watson.

«Es imperativo -añade- que el mercado de los seguros considere cómo proporcionar soluciones integradas que aborden de forma más fluida los riesgos emergentes de la salud digital».

Desde el bróker se ha editado el Libro Blanco sobre el Futuro de la Salud Digital donde se desgrana desde el concepto más básico de qué es salud digital, hasta su actual ecosistema de la salud digital, tecnologías y conceptos.

Nuevos modelos y servicios

En el manual se recuerda que los avances de la sanidad digital están catalizando el despliegue de nuevos modelos operativos y de prestación de servicios que, a su vez, pueden producir riesgos imprevistos y nuevos flujos de responsabilidad.

«Hay una gran variedad de productos y servicios de salud digital que se utilizan cada vez más en nuevos entornos y de distintas maneras», explican.

Un campo, asevera el broker, que evoluciona tan rápidamente y con una orientación normativa limitada y pocos o ningún precedente legal. Por ello, se pregunta: ¿Cómo pueden los gestores de riesgos y los profesionales de los seguros determinar qué tipo de cobertura de seguro necesitan?

Desafíos a los que se enfrenta la industria de la salud digital

El sector de la sanidad digital se enfrenta a importantes retos que deben tenerse en cuenta en cualquier análisis de seguros y responsabilidad civil:

  • Marcos normativos y jurídicos que no pueden seguir el ritmo de la innovación, la adopción y el uso.
  • La preocupación de los consumidores por la seguridad y la privacidad.
  • Cuestiones éticas que surgen por la adopción y el uso de nuevas tecnologías, especialmente en lo que respecta al papel de la comercialización y la monetización.
  • Problemas de interoperabilidad y sistemas fragmentados, tanto técnicos (programas informáticos, plataformas, etc.) como de «estructura del sistema» (proveedores, pagadores y reguladores sanitarios dispares).
  • Motivaciones contrapuestas y desajustes: pagador, proveedor y paciente (¿cuáles son las prioridades y cómo pueden acordarse?).
  • Cuestiones de equidad que pueden surgir especialmente de las rápidas implantaciones digitales: por ejemplo, cuestiones de alfabetización digital, problemas de acceso digital («brecha digital») y el impacto en los grupos vulnerables (por ejemplo, las personas mayores: la «brecha gris»).
  • Cuestiones de usabilidad tanto para los pacientes como para los proveedores.