La digitalización de la economía ha impuesto un rápido ritmo de cambios e innovaciones que se explica muy bien en la Ley de Moore: aproximadamente cada dos años se duplica el número de transistores que caben un microprocesador gracias a las mejoras en los procesos de fabricación. Este ritmo trepidante explica también que las empresas cada vez sean más efímeras.

“Las innovaciones disruptivas pueden venir de cualquier parte sin previo aviso a medida que la tasa de cambio tecnológico impulsado por La Ley de Moore e Internet continúa acelerándose en esta economía global cada vez más interconectada”, explican desde Valuer Academy, una plataforma de AI destinada a startups.

“El ritmo de la innovación ha permitido a nuevos actores impulsar niveles sin precedentes de creación de valor y ocupar su lugar en las bolsas de valores del mundo, mientras que docenas de ‘unicornios’ privados esperan el momento adecuado para recibir ayudas públicas”, añaden.

Este proceso de destrucción creativa ha tenido como resultado una disminución en la vida media de las compañías del Índice S&P 500 que en 1964 era de 33 años y se ha reducido a 24 en 2016. Se espera que en 2027 será de sólo 12 años.

Como es lógico, detallan, las grandes empresas ya establecidas están “luchando para mantenerse al día del gran volumen de información que ha acompañado esta explosión de nuevas tecnologías y modelos de negocio, y la comunidad global de nuevas empresas que los llevan al mercado”.

¿Innovación disruptiva?

Con el fin de monitorizar el entorno en busca de amenazas para sus negocios principales y anticiparse a ellas “las empresas siguen experimentando con nuevos modelos organizativos y herramientas de gestión en busca de la próxima ‘innovación disruptiva’, un término cuyo uso también se ha vuelto tan común que ahora a menudo se malinterpreta y se aplica incorrectamente”, advierten.

Las empresas que demuestran ser disruptivas comienzan por dirigirse con éxito a los segmentos que se pasan por alto, ganando terreno al ofrecer una funcionalidad más adecuada, con frecuencia a un precio más bajo.

Mientras tanto, las empresas establecidas, que persiguen una mayor rentabilidad en los segmentos más exigentes, tienden a no responder de forma contundente. Con el tiempo, las empresas disruptivas ofrecen los resultados que demandan los clientes principales de las compañías establecidas, al tiempo que conservan las ventajas que impulsaron su éxito inicial. Cuando los clientes principales comienzan a adoptar las ofertas de las nuevas empresas en volumen, se produce una ‘disrupción’.

“Las innovaciones disruptivas son las que las empresas establecidas a menudo pasan por alto o inicialmente no perciben como una amenaza, porque comienzan con ofertas extremadamente simples, que atienden a diferentes segmentos de clientes y precios, a menudo en lugares diferentes a aquellos en los que las empresas establecidas operan”.

Crecer a la velocidad del rayo

Como Chris Yeh y Reid Hoffman describen en ‘Blitzscaling: The Lightning-Fast Path to Building Massively Valuable Companies’, cuando estos disruptores cumplen con las condiciones que hacen posible el ‘bombardeo relámpago’, pueden pasar de un inicio aparentemente insignificante a convertirse en corporaciones globales en el transcurso de una década.

Según Valuer Academy, es este potencial para el crecimiento innovador fulgurante lo que las grandes corporaciones buscan para rejuvenecer su posición adquirida e impulsar el crecimiento en las próximas décadas. “Pero identificar y capitalizar estas oportunidades sigue siendo un desafío desalentador para las grandes organizaciones y un premio esquivo en pos del cual siguen invirtiendo mucho tiempo y recursos”.

Asimismo, señalan los principales desafíos a los que se enfrentan las organizaciones cuando se trata de innovación: identificación, selección, compromiso y escalamiento. Para afrontar la disrupción es necesario tener la capacidad de “priorizar la velocidad sobre la eficiencia ante la incertidumbre” y tener claro que la disrupción es una espada de doble filo: “es la razón del rápido declive de la vida útil de las compañías Fortune 500 y es la solución para tener un modelo de negocio sostenible”.