Por Catarina Malafaia, Medmal & Healthcare Industry Practice Regional Manager CHUBB Latin America

El médico históricamente ha tenido un papel muy importante en la vida de las personas, confiándole tanto su salud como la de su familia, siguiendo, sin refutar, sus instrucciones, diagnósticos, tratamientos o prescripciones. Su figura, inspira confianza y en ocasiones la relación médico – paciente, puede incluso alcanzar un nivel personal.

Sin embargo, actualmente podríamos decir que como consecuencia de la globalización, esta situación ha cambiado bastante. El médico hoy es visto como un profesional al que solo se le exige una correcta prestación del servicio, a través de la utilización de técnicas y procedimientos que permitan lograr el mejor resultado en el restablecimiento de la salud del paciente. Adicionalmente, el acceso a la tecnología y a la información es más fácil y masiva, los pacientes buscan respuestas a sus síntomas, incluso antes de visitar la consulta médica, y hasta corroboran diagnósticos y prescripciones.

Frente a lo anterior, resulta fundamental que el profesional sea muy claro con el paciente y le explique los riesgos y consecuencias de su tratamiento y enfermedad y, a lo que está expuesto en caso de seguir otras indicaciones, con el fin de evitar acusaciones de negligencia y/o falta de información como consecuencia de efectos colaterales al seguir un tratamiento distinto al indicado.

Es importante en estos casos contar con el consentimiento informado de los pacientes. Esto es un documento redactado por el médico y donde se detalla el procedimiento y tratamiento que será aplicado al paciente, sus consecuencias, riesgos y posibles efectos colaterales de la medicación.

Este tipo de documento, debe contar con la lectura y firma del paciente pues confirma su conocimiento respecto a los procedimientos a los que será sometido. Esta instancia se aplica tanto en recintos hospitalarios públicos como privados, así como en clínicas y consultorios.

El consentimiento informado es una de las herramientas que un profesional y/o institución de salud  tiene para manejar su riesgo. Con el crecimiento del mercado de salud en toda América Latina, se ha incrementado la preocupación de profesionales e instituciones por la excelencia de su servicio y también el manejo de los riesgos a los cuales están expuestos.

Hoy, muchos hospitales cuentan con departamentos de manejo de riesgos y comités de ética, que se preocupan en identificar y analizar riesgos, con el obejtivo de preparar una política de control que va desde la seguridad de las instalaciones de la institución, hasta el almacenamiento de la información e historia clínica del paciente, y el comportamiento de los profesionales que ahí laboran. El conjunto de políticas y protocolos de manejo de riesgos ha ayudado no solo a minimizar los riesgos del servicio ofrecido, sino también que este sea de mejor calidad.

Finalmente, esta no es una preocupación exclusiva de entidades prestadoras de servicios, sino también de entes reguladores, que buscan una mayor especialización y calidad de servicio ofrecido por el sector. En 2014, la ANS – Agencia Nacional de Salus de Brasil redactó una normativa relacionada con la política de gestión de riesgos que debe ser seguida por ellos, y luego en 2018 lanzó un Manual de Gestión de Riesgos, con el objetivo de orientar a sus  departamentos y colaboradores sobre cómo implementar la gestión de riesgos. Dicha iniciativa impulsó a otras instituciones del sector  a priorizar más esta materia, y el manual también es utilizado como modelo por hospitales públicos y privados que buscan un mayor nivel de gobernanza corporativa y mejor calidad de sus servicios.

Dichas iniciativas buscan la confianza de los pacientes al ver un esfuerzo en la mejora de la calidad del servicio.

El conjunto de políticas y protocolos de manejo de riesgos ha ayudado no solo a minimizar los riesgos del servicio ofrecido, sino también que este sea de mejor calidad