El mundo cambió – y cuando lo presencial regrese – ya no será igual que antes. Se habla de un mundo híbrido: un mundo donde conviven en armonía lo virtual y lo presencial. Seguramente este nuevo mundo será muy cercano a lo que es la realidad aumentada: el mundo real mejorado con lo digital: La convivencia y la coexistencia dinámica de ambos mundos.

“Resignificar” probablemente sea la palabra mágica que debamos aprender a usar. Resignificar el abrazo, el apretón de manos, el contacto y el calor del otro. Esto será revalorizado y potenciado, pero engañarnos y creer que no podemos empatizar, sonreír ni mirarnos a los ojos por Zoom es una falacia. Es una mentira que no debemos creer. Lo humano se resignifica, lo remoto y lo virtual también. El Imperio Zoom contraataca…

Resignificar el Tiempo

Es momento de entender los nuevos códigos y utilizar la herramienta correcta para el fin deseado. ¿Qué respuestas realmente son urgentes y cuáles pueden esperar y cuánto tiempo? Si todo es urgente, tal vez nada lo sea…¿Cuándo es más eficiente y efectivo usar la mensajería instantánea, el correo electrónico, la llamada telefónica, la reunión virtual o la reunión presencial? Esa – diría Hamlet – es “la” pregunta. ¿Para qué es mejor cada cosa? ¿Cómo vivir lo híbrido con plenitud? En resumen, cabría preguntarse cómo resignificar el tiempo.

Entender el Tiempo como una cuarta dimensión nos permite repensar la relación del Tiempo y el Espacio. La reunión física, lo presencial, está en el reino del espacio. Dónde te recibo, cómo me veo, dónde está ubicada mi oficina, cómo llegó hasta allí, qué tomamos mientras conversamos… Este es el mundo de lo Sólido – al decir de Zygmunt Baumann -de lo que no cambia. Sin embargo, el mundo de la tecnología nos invita a repensar y habitar también en el reino del Tiempo, de lo Líquido, lo flexible y adaptable…de lo que fluye. El Tiempo es definitivamente un recurso no renovable y pocas veces lo medimos en su real dimensión.

Lo que más valoramos hoy es el tiempo: la velocidad de respuesta, de reacción y de servicio. La pelea era antes por conquistar espacios, hoy la lucha es por el Tiempo.

¿Alguien recuerda para qué servían las reuniones?

No es casual que muchos de los comentarios que recibo en mi trabajo de consultoría giran alrededor del tiempo que se pierde en las reuniones, de lo poco motivadoras que son y del alto grado de frustración que conlleva. Aquí entran en la misma bolsa las reuniones internas y las externas.

“Para qué nos reunimos?” Cuando trabajo en empresas, negocios o corporaciones, a nivel dirección, gerencia o jefaturas, siempre sobrevuela esta pregunta. ¿Cuántas reuniones son realmente necesarias? ¿Qué tan productivas son? Por qué nunca alcanzan las salas de reuniones en las empresas? Quién se hace cargo de ellas? Cuánto tiempo invertimos en ir, permanecer y regresar? No debería repensarse su necesidad?

Si hacemos un punteado de por qué son valiosas las reuniones, podríamos mencionar:

  • Influir en los demás
  • Tomar decisiones
  • Resolver problemas
  • Unificar criterios
  • Compartir información
  • Fortalecer relaciones y vínculos

Pero la mayor parte de las reuniones no cumplen estas condiciones, son poco concretas, no tienen objetivos claros y salimos de ellas con la sensación de haber perdido el tiempo.

Entendiendo el yin/yang del Sincrónico / Asincrónico

El imperio Zoom nos invita a repreguntarnos por el tiempo: qué debemos hacer ya y qué puede esperar. Qué debemos hacer juntos y qué puede hacer cada uno en su lugar y a su tiempo, para qué debemos encontrarnos físicamente y para que no. Ya nos queda claro para qué sirven las reuniones y para qué no sirven. ¿Cómo hacemos para resignificar los tiempos, los espacios y las reuniones? ¿Qué puede hacerse mejor y de manera diferente?

Algunas actividades o acciones necesitan del “tiempo real”, del modo sincrónico, exigen que todo el equipo esté simultáneamente trabajando junto. Lo presencial o virtual dependerá de la profundidad y de la necesidad de cada equipo en cada momento. Las reuniones se justifican si se justifica lo sincrónico. Presencial o virtual, es solo un detalle, lo que Zoom nos invita a repensar es la reunión misma.

Muchas veces el trabajo debe ser asincrónico, es decir, cada miembro del equipo trabaja independientemente y realiza su labor que ensamblará con las tareas del resto. Lo asincrónico incluye lo que cada uno elabora, piensa, aporta, investiga a su tiempo, a su ritmo y en sus espacios. Aquí sirven herramientas como el correo electrónico, el Slack o los muros… aportan creatividad, intercambio e interacción sin implicar sincronismo ni reuniones!

Zoom existe hace 10 años y las videoconferencias de Webex desde 1995… evidentemente no son herramientas nuevas. Estaban agazapadas esperando su momento. El Covid les ayudó a hacerse más visibles. Ya han desembarcado con fuerza y su fortaleza es nuestra debilidad: ponen en manifiesto la necesidad de repreguntarnos por qué hacemos lo que hacemos y cómo hacerlo mejor.

Las reuniones están en jaque: el imperio Zoom contraataca ¡Tal vez debamos dejarlo ganar!