El Banco Mundial emitió en 2018 un bono multinacional contra riesgos por catástrofe, la más grande y la primero de este tipo en el mundo, compartido entre Chile, Colombia, México y Perú, valorado en más de 1300 millones de dólares.

Estos títulos de deuda ofrecen una prima a los inversores por un determinado número de años y a cambio los Estados reciben una indemnización si se produce el desastre cubierto; a su vez, los tenedores de los bonos recuperan el capital si dicho desastre no ocurre.

Además de los bonos catastróficos para terremotos de la Alianza del Pacífico, el Banco Mundial cuenta con otro instrumento de transferencia de riesgo, el Mecanismo de Seguro contra Riesgos Catastróficos del Caribe (CCRIF), que garantiza una rápida movilización de fondos y la resiliencia fiscal ante los daños provocados, en este caso, por los huracanes.

Vulnerabilidad de la región

Hay que recordar que América Latina y el Caribe son dos de las regiones del planeta más expuestas a desastres naturales de diversa tipología, como terremotos e inundaciones que pueden devastar regiones enteras, pero también huracanes como los que azotan cada año los estados caribeños.

A esto se suma otra vulnerabilidad, la que se deriva de la elevada densidad de población (en toda la zona viven 568 millones de personas) en las áreas donde suelen golpean estos eventos catastróficos así como la necesidad de mejorar las prácticas de gestión de riesgos.