Los daños asegurados causados por catástrofes naturales en 2017 y 2018 fueron de 219.000 millones de dólares según SWISS RE

Los denominados riesgos ‘secundarios’ son una llamada de atención para el sector de seguros ya que ponen de relieve una tendencia de devastación creciente. En 2018, los daños asegurados por catástrofes naturales fueron de 76.000 millones de dólares, los cuartos más altos en un año, según el último informe sigma de Swiss Re Institute y más del 60% de los daños tuvieron su origen en riesgos secundarios. En total, los daños asegurados causados por catástrofes naturales en 2017 y 2018 fueron de 219.000 millones de dólares, los mayores jamás registrados en un periodo de dos años.

“Se están produciendo grandes daños ocasionados por riesgos secundarios con mayor frecuencia”, afirma Edouard Schmid, jefe de suscripción de SWISS RE. “Esta es una tendencia sobre la que el sector del seguro debe actuar para poder seguir suscribiendo el negocio de catástrofes de forma sostenible”, añade.

En 2017, cuando se registró el mayor número de reclamaciones por catástrofes naturales en un solo año, más de la mitad fue consecuencia de riesgos secundarios. Los daños derivados de riesgos secundarios están creciendo debido a la urbanización, al aumento de las concentraciones de activos en áreas expuestas a condiciones climáticas extremas y al cambio climático.

Si nos centramos en el pasado año: los daños económicos globales ocasionados por catástrofes naturales y siniestros antropógenos ascendieron a 165 000 millones de dólares. Frente a ellos, el sector del seguro cubrió 85.000 millones de los daños económicos globales, el cuarto pago más alto en un año jamás realizado por el sector y por encima del promedio anual de los 10 años anteriores de 71 000 millones de USD. De los daños asegurados del año anterior, 76 000 millones de USD correspondieron a catástrofes naturales, también los cuartos más altos registrados.

Rápida urbanización, clima severo y temperaturas más cálidas

La catástrofe que originó los mayores daños asegurados por un único evento en 2018 fue el incendio de Camp Fire en California (12.000 millones de dólares). Entre otros riesgos secundarios significativos que tuvieron lugar el año pasado se incluye una tormenta de granizo en Sídney en diciembre e inundaciones en las Carolinas, en EE. UU., como consecuencia del huracán Florence en septiembre.

Los daños causados por riesgos secundarios han aumentado debido a la rápida urbanización en áreas expuestas a climas severos y temperaturas más cálidas, y creemos que esta tendencia continuará. Aunque la previsión de probabilidad de aumento de catástrofes primarias extremas, como huracanes, debido al cambio climático sigue siendo incierta, en muchos lugares del mundo ya es una realidad la aparición de condiciones climáticas más extremas y mayor frecuencia de riesgos secundarios resultantes.

“Los daños por riesgos secundarios se incrementarán debido a la continua urbanización, también en áreas expuestas a inundaciones como, por ejemplo, a lo largo de las líneas costeras y en llanuras fluviales, al desarrollo en áreas vulnerables a riesgo de incendio como la interfaz urbano-forestal, y también debido a las previsiones de cambio climático a largo plazo”, afirma Schmid.

La tendencia al alza se ve reflejada en los daños asegurados combinados de 2017 y 2018, remarca el documento, que ascendieron a 219.000 millones, los mayores jamás registrados en un periodo de dos años, más de la mitad causados por riesgos secundarios. En 2018 no se produjeron eventos generadores de daños de gran magnitud: Un 62 % de los daños del año pasado fueron causados por riesgos secundarios. La fuerza potencial de los riesgos secundarios está respaldada además por la experiencia de daños máximos de 2017, cuando los huracanes Harvey, Irma y María provocaron los mayores daños asegurados totales jamás registrados. Incluso con estos eventos generadores de daños de gran magnitud, más de la mitad de los daños anuales se debieron a riesgos secundarios (con menor supervisión).

Cerrar la brecha de protección

“La brecha de protección existente es una oportunidad que tienen las aseguradoras para fortalecer la resiliencia global”, matiza Jérôme Jean Haegeli, economista jefe de la reaseguradora. Y es que, según el informe, la brecha de protección global combinada frente a catástrofes naturales de 2017 y 2018 fue de 280.000 millones de dólares y más de la mitad tuvo su origen en riesgos secundarios, destaca el informe.

Las causas del infraseguro son, entre otras, la falta de conciencia del riesgo por parte de los consumidores, el escaso conocimiento de las coberturas de seguro contra catástrofes disponibles y la indecisión por parte del sector sobre proporcionar cobertura cuando la evaluación de riesgos es incierta. La evaluación de riesgos secundarios puede ser difícil dadas sus características únicas. Por ejemplo, suelen estar altamente localizados, pero con variables que fluctúan constantemente debido a los continuos cambios en el uso de la tierra y a una mayor frecuencia de clima extremo.

“Suscribir de forma rentable el negocio de catástrofes significa analizar las tendencias principales y también las tendencias orientadas al futuro sobre riesgos secundarios. Mediante la adopción de las últimas tecnologías, las aseguradoras pueden centrarse más en el desarrollo de modelos convenientemente regionalizados para evaluar el riesgo que con llevan los eventos secundarios, y desarrollar una gama de productos más amplia y distribución orientada de coberturas frente a catástrofes”, detalla el economista.

Las (re)aseguradoras también pueden crear resiliencia socioeconómica a través de sus actividades de inversión, en particular siendo capaces de invertir más en proyectos de infraestructura sostenibles. Hay muchos ejemplos de defensas para mitigar desastres que han sido fortalecidas como parte de los esfuerzos de reconstrucción después de un evento catastrófico. Con un marco regulatorio y de inversión más propicio, las aseguradoras pueden desempeñar una función preventiva mucho más eficaz. Según estimaciones de Swiss Re Institute, los activos de seguro y reaseguro globales ascienden a aproximadamente 30.000 millones. Incluso una pequeña parte de estos podría liberar una cantidad sustancial de capital para la utilización en proyectos de infraestructura de creación de resiliencia a largo plazo.