Los teléfonos móviles nos han proporcionado una conexión constante a Internet, sin embargo, la tecnología está yendo mucho más allá, hasta tal punto que los llamados wearables, es decir, las prendas conectadas, nos están convirtiendo en seres conectados.

Dispositivos cada vez más comunes

Los dispositivos más usados en este sentido son los relojes inteligentes y otros aparatos que utilizamos para medir nuestras constantes vitales, lo que andamos, las calorías que quemamos e incluso elementos clave en nuestra salud. Pero no están solos, en la actualidad hay numerosas aplicaciones enfocadas en llevar un control pormenorizado de nuestro estado físico, y muchas empresas están trabajando en que las propias prendas de ropa poco a poco vayan incorporando esta tecnología, gracias sobre todo a Internet de las Cosas.

El resultado será que no solo tendremos acceso a todo tipo de información y a los informes que las apps realizan para que mejoremos nuestro rendimiento, nuestra alimentación y nuestra salud en general, sino que también seremos grandes generadores de datos críticos y confidenciales. Esto no sería ningún problema si tuviésemos control sobre ellos y estuvieran totalmente protegidos, pero la realidad dibuja otro panorama: cuanto más volumen de información y más puntos de acceso a la red, mayor posibilidad de sufrir un ciberataque.

Prepararse para el futuro

Esta amenaza debe tomarse muy en serio si nos atenemos a las cifras que la consultora Gartner da sobre los dispositivos wearables, ya que previó un incremento del 25% en todo el mundo durante 2019 y que la cifra actual se doblará en un trienio.

Sobre este crecimiento también se pronuncia Incibe (Instituto Nacional de Ciberseguridad) cuando se refiere a que “la tendencia de crecimiento de los dispositivos IoT es exponencial y se estima que en 2025 estos sean más de 21.000 millones”. Claro que además aprovecha para apuntar los inconvenientes de este crecimiento: “La información que manejan estos dispositivos es cada vez más sensible o relevante, por lo que mantenerlos seguros resulta de vital importancia. El crecimiento supone también un incremento en el número de nuevas vulnerabilidades que les afectan”.

Nuestro estado de salud, expuesto

Teniendo estas previsiones en cuenta, tanto las empresas desarrolladoras y fabricantes, como los propios usuarios han de extremar las precauciones. Porque el hecho de que información sobre nuestra salud, como alergias, afecciones cardiacas o cualquier otro problema pueda llegar a manos inadecuadas no es algo que debe tomarse a la ligera.

Tal y como exponen en Panda Security, alguien podría filtrar a la Dark Web la información que contienen los servidores que la alojan, haciéndose con millones de datos críticos sobre salud con los que mercadear. Y recomiendan que antes de que descarguemos una app o compremos algún wearable nos cercioremos sobre qué uso van a dar a nuestros datos, cómo van a estar protegidos y dónde se van a almacenar.

*Artículo publicado íntegramente en el Blog de MAPFRE