Los satélites, aunque muchas veces no nos demos cuenta, están muy presentes en nuestras vidas. Son, por ejemplo, fuente de comunicación, la base para tener información meteorológica, para el funcionamiento de los sistemas de navegación… e incluso para muchas otras actividades, como puede ser la defensa y la seguridad. Muchas de ellas serían inviables o su potencial sería infinitamente inferior sin la ayuda de los satélites.

Muchos de los satélites que están dando vueltas por el espacio están asegurados. Pero ¿cómo se asegura un satélite? O ¿por qué es importante asegurarlo? La segunda pregunta tiene una respuesta bastante sencilla. Asegurar un satélite significa comprar una protección para en caso de que ocurra un percance (que en el negocio asegurador se denomina siniestro) el propietario del mismo no pierda toda su inversión. Es similar a cuando se asegura una casa o un coche, por ejemplo.

La primera pregunta exige una explicación un poco más amplia. En la vida de un satélite existe dos momentos diferenciados: el momento de su lanzamiento y la vida en órbita que éste tiene. Eso es lo que cubre el seguro de satélites, los daños propios en esas dos fases.

La cobertura se inicia en el momento en el que el lanzamiento no puede ser abortado, con la ignición de los motores principales del lanzador. Como todos hemos podido ver alguna vez, durante la cuenta atrás todavía cabe la posibilidad de poder parar el lanzamiento si durante los chequeos finales alguna variable no estuviese en orden. Se han dado situaciones en los que el lanzamiento se ha abortado en los últimos segundos de esta cuenta atrás.

El lanzamiento es el momento más sensible y de mayor riesgo de toda la operación y aunque la tecnología ha traído consigo muchos avances en cuanto a seguridad, todavía existen fallos. Una vez que el satélite se separa del cohete es cuando finaliza esa fase y se inicia la segunda: la vida en órbita del satélite.

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