El sector asegurador puede jugar un doble papel respecto a la resiliencia climática desde el punto de vista de la mitigación de los riesgos, pero también facilitando un desarrollo más sostenible de las actividades económicas en el contexto de una creciente exigencia para construir un sistema financiero ‘verde’.

El SWISS RE Institute se ocupa de esta cuestión en su último informe ‘Resiliencia climática: cómo el seguro puede contribuir a crear un nuevo amanecer ‘verde’’. Según las estimaciones de la OCDE, una “transición decisiva” hacia una economía baja en carbono podría reducir el valor económico del daño asociado al cambio climático al 2% del producto interior bruto de los países del G20. También aumentaría la producción a largo plazo hasta en un 2,8% para 2050, lo que daría como resultado un crecimiento neto del 4,7% en dichos países.

Las aseguradoras pueden contribuir a ese nuevo amanecer ‘verde’ aplicando normas de suscripción que tengan en cuenta la adaptación climática y criterios ambientales, sociales y de gobierno (ESG) en sus carteras de inversión

“Impulsar esta creación de valor consistirá en inversiones en infraestructura sostenible, iniciativas fiscales de apoyo, reformas estructurales e innovación ‘verde’, como por ejemplo un mercado de capitales para valores ‘verdes’. Las aseguradoras pueden contribuir a ese nuevo amanecer ‘verde’ aplicando normas de suscripción que tengan en cuenta la adaptación climática y criterios ambientales, sociales y de gobierno (ESG) en sus carteras de inversión”, señala el trabajo.

Activos en riesgo

El cambio climático representa un riesgo para los activos financieros y económicos no solo en aspecto estrictamente físico, sino también en lo que se refiere al proceso de transición de la economía. Los riesgos físicos incluyen los daños a los bienes asegurados así como los que se derivan de la interrupción del negocio cuando se producen crisis climáticas (por ejemplo, tormentas, inundaciones y sequías).

Por su parte, los riesgos de transición se refieren a cómo el ajuste necesario para evolucionar hacia una economía baja en carbono podría cambiar la forma en que la sociedad despliega recursos, utiliza la tecnología y crea una nueva regulación. “Esto provocará una reevaluación del valor de los activos y generará otros activos que se quedarán ‘varados’, como los propios depósitos de combustibles fósiles o reservas de carbón”, argumentos los autores del informe.

Más allá de abstenerse de asegurar sectores y empresas con altas emisiones de CO2, las aseguradoras también pueden incluir medidas de adaptación climática en sus procesos de suscripción

El SWISS RE Institute destaca que las aseguradoras están a la vanguardia de la gestión del riesgo climático y la transición a una sociedad baja en carbono ya que ofrecen servicios de protección frente a los riesgos para ayudar a las empresas a minimizar la volatilidad económica debido a las condiciones climáticas adversas. No obstante, en este contexto su papel podría ampliarse: “Más allá de abstenerse de asegurar sectores y empresas con altas emisiones de CO2, las aseguradoras también pueden incluir medidas de adaptación climática en sus procesos de suscripción. Esto también aumentará la conciencia de la gente. Además, al integrar el seguro en proyectos de infraestructura resistentes al clima, las aseguradoras pueden facilitar la disponibilidad de financiación al colaborar con bancos multilaterales y agencias gubernamentales”.

Aplicar criterios ESG

En cuanto a los activos, SWISS RE Institute aboga porque las entidades aseguradoras apliquen criterios ESG en sus carteras. “La inversión responsable beneficia a una empresa desde el punto de vista de la reputación. También tiene sentido económico y puede generar mejores rendimientos ajustados al riesgo a largo plazo. Ya existe cierta evidencia de que en ciertas clases de activos, las inversiones ESG superan los índices de referencia”.

En inversiones alternativas, los administradores de activos pueden contribuir a invertir a través de bonos verdes, infraestructuras renovables y proyectos inmobiliarios sostenibles. “Se puede y se debe hacer mucho más”, sostiene el informe, ante el hecho de que a pesar del volumen récord de emisiones de bonos verdes en los primeros tres trimestres de 2019, “el universo total de estos bonos es de 500.000 millones de dólares (451.600 millones de euros)”, es decir, solo el 0,5% del total.

“Como inversores a largo plazo, las aseguradoras globales pueden optar por mejorar la información que ofrecen y promover la titulización financiera para la infraestructura como un tipo de activo negociable, de acuerdo con los Principios de Inversión Responsable”, concluye.