Dado que COVID-19 amenaza a los países menos desarrollados, la inteligencia colectiva y la tecnología pueden ayudar a paliar esta pandemia ofreciendo una guía de cómo responder.

Según desgrana un artículo del World Economics Forum, la pandemia de COVID-19 ha tenido hasta ahora el mayor impacto en las economías desarrolladas con sistemas de salud sólidos. Y los resultados han sido aterradores. Sin embargo, el epicentro de la pandemia podría trasladarse pronto de nuevo a los países de ingresos bajos y medios, incluidos los que ya son frágiles tras años de conflicto. Muchos de ellos están lamentablemente mal preparados.

La pandemia ha impulsado un número increíble de iniciativas de inteligencia colectiva, que combinan la comprensión de la sociedad, los datos y la inteligencia automática para mitigar la crisis. Así pues, mientras los países en desarrollo se preparan para abordar Covid-19, desde el organismo se ofrecen cinco ideas de proyectos sencillos de inteligencia colectiva que podrían ayudar.

1. Mapeo de la demanda de suministros médicos

Los trabajadores de primera línea y los equipos de respuesta a emergencias podrían utilizar la tecnología existente como Frontline y SMS para informar sobre la falta o escasez de suministros de equipos clave a un sitio web común. Estos datos podrían entonces mostrarse en un mapa que mostrara los lugares de escasez.

De esta forma los gobiernos podrían ver las necesidades de los diferentes centros de salud, o incluso su capacidad existente en detalle en tiempo real. También ayudaría a los organismos humanitarios, las empresas y los fabricantes locales a responder allí donde los suministros son escasos.

2. Producción local de código abierto

Durante otras crisis, organizaciones como Field Ready han sido pioneras en la producción localizada de suministros humanitarios, llevando equipos vitales de forma rápida y barata a zonas de conflicto donde la logística tradicional ha fallado. La respuesta de Covid-19 podría incorporar ideas como éstas y aprovechar el dinamismo de las comunidades de diseño e ingeniería de código abierto.

Los gobiernos deberían considerar la posibilidad de designar como «infraestructura crítica» a los fabricantes locales que utilizan herramientas como la impresión en 3D, lo que les permitiría seguir funcionando durante el cierre. Conectándolos a hospitales y clínicas se podría crear una capacidad de fabricación a nivel local que podría ayudar a suministrar artículos esenciales como equipo de protección personal (EPP) y piezas de repuesto.

Los fabricantes locales con mayor capacidad de producción podrían entonces ampliar los diseños exitosos, remarca el organismo. Esto podría apoyarse en un depósito de diseños de código abierto, por ejemplo, instrucciones sobre cómo hacer viseras o utilizar materiales reciclados para las batas. Un rápido proceso de investigación de cada diseño publicado para determinar su preparación para el campo y su nivel de seguridad proporcionaría una valiosa información adicional.

3. Identificación de los activos de la comunidad

En el Reino Unido ya hay pruebas que indican que las condiciones de vida de hacinamiento aceleran la propagación de Covid-19 y, a nivel mundial, hasta mil millones de personas viven en barrios marginales densamente poblados. Para las personas que viven en condiciones de hacinamiento en los barrios marginales, donde muchos miembros de la familia comparten una sola habitación, el autoaislamiento en el hogar es mucho más difícil. Se necesitarán medidas alternativas.

Herramientas cartográficas como una mapa de calles abiertas podrían utilizarse para identificar la ubicación de tales activos, en asociación con los municipios, empresas y organizaciones comunitarias. El Open Street Map humanitario ya está movilizando a sus comunidades de cartografía voluntaria, subraya el WEF, mientras que las iniciativas de Open Cities tienen una experiencia sustancial en la cartografía comunitaria para la resiliencia ante las crisis.

4. Respuesta más inteligente ante el aumento de las necesidades

Muchos países ya se enfrentan a una escasez crónica de trabajadores sanitarios. Sin embargo, el 89% de la escasez mundial de enfermeras se concentra en los países de ingresos bajos y medios-bajos.

La modificación de los instrumentos de notificación de síntomas que pueden utilizar los trabajadores comunitarios de salud permitiría a los gobiernos y los organismos humanitarios identificar posibles focos de virus y desplegar la capacidad de aumentar (y disminuir) de manera más eficaz dentro de un país. Con una pandemia que avanza rápidamente y unos recursos ya agotados, los gobiernos y las organizaciones humanitarias tendrán que centrar e intensificar su colaboración.

5. Usar las redes sociales para el ámbito médico

El ritmo de la pandemia Covid-19 es tan rápido que el proceso habitual de intercambio de conocimientos a través de artículos de revistas  a menudo resulta demasiado lento. En su lugar, los médicos se han unido a grupos de discusión especializados en medios sociales como Facebook y Twitter – creando una especie de hivemind médica – para desarrollar respuestas en tiempo real.

Uno de ellos, un grupo de Facebook para médicos registrados llamado Subgrupo PMG COVID19 tiene más de 35.000 miembros en todo el mundo. Puede existir el riesgo de que los errores o la información errónea se amplifiquen con este tipo de intercambio rápido de información y el contenido siempre debe ser visto con cuidado y de forma crítica. Pero hasta ahora ha ayudado a desarrollar nuevos protocolos de tratamiento.

En el caso de los países pobres con pocos médicos, la movilización de la inteligencia colectiva de los profesionales de la salud de primera línea y de los organismos humanitarios de todo el mundo puede ayudar a acelerar la generación y distribución de los conocimientos pertinentes. Los proyectos de inteligencia colectiva como WeFarm, que utiliza mensajes de texto y aprendizaje automático para poner en contacto a los agricultores de África oriental con otras personas que pueden ayudar a responder a sus preguntas (traducidas a cuatro idiomas), podrían servir de modelo.

“Sabemos por experiencia que los trabajadores humanitarios pueden luchar por absorber las nuevas innovaciones durante las respuestas a emergencias agudas. Pero el tiempo es crítico y si nos centramos en volver a utilizar las herramientas existentes y los enfoques probados, podemos ayudar a detener la próxima ola de la pandemia”, concluye el WEF.