Aunque las personas generalmente no se lo plantean en su día a día, estamos inmersos en una transición energética a nivel mundial que tiene un claro objetivo: salvaguardar la salud del planeta frenando el cambio climático y la emisión de gases con efecto invernadero.

La mayoría de los países se han concienciado de que hay que tomar medidas ante un problema que, si no se frena, tendrá consecuencias catastróficas para el medioambiente y, claro está, para el propio ser humano.

Y aunque el pasado 2018 se registró un récord en la emisión de gases contaminantes a la atmósfera, de cara a los próximos 30 años se han marcado unos hitos muy definidos para que la transición energética hacia energías renovables llegue a buen puerto.

La tecnología como herramienta

Lograr cambiar el paradigma energético del último siglo será una tarea ardua y complicada. De ahí que las nuevas tecnologías tengan mucho que decir como herramientas para facilitar la evolución. Internet de las cosas, machine learning, blockchain o Big Data serán claves para que los procesos de cambio sean lo más efectivos posibles.

Precisamente el análisis masivo de datos, posible gracias a las tecnologías de Big Data, ha de convertirse en un pilar fundamental para  transformar el modo en que se genera, se transmite y se distribuye la energía.

Y es que el desarrollo y puesta en marcha de sistemas inteligentes no sólo debe facilitar el desembarco masivo de las nuevas fuentes energéticas, sino que tendrá la misión de conseguir un almacenamiento racionalizado de dicha energía, así como de aportar mayor flexibilidad para el demandante, es decir, para las personas que la usan.

Herramientas para el consumidor

En este escenario serán comunes los contadores inteligentes y los sensores con acceso a Internet que mejorarán el uso que hacemos de la energía –aportando una mayor sostenibilidad–, al tiempo que harán factible que los costes se adecúen a lo que realmente consume cada persona.

Así pues, con Big Data se automatizarán los procesos, mientras que la inteligencia artificial hará posible que los dispositivos trabajen automáticamente y aprendan de los hábitos de los consumidores. Obviamente, esto también será posible a gran escala, de modo que el funcionamiento de las futuras centrales solares o eólicas, por poner sólo dos ejemplos, será más efectivo en un menor espacio de tiempo.

En este sentido, cabe señalar que aunque todo el mundo esté inmerso en la transición energética y que la concienciación debe comenzar en cada hogar, la tecnología se encaminará a que las personas apenas tengan que intervenir en la reducción de los consumos y de los costes.

*Artículo de Opinión publicado en la página web de MAPFRE