“Hace una década, nunca podríamos haber considerado que los historiales clínicos salieran de la red de pagadores y proveedores. La ‘nube’ era un futuro plausible, pero había varias preocupaciones en torno a la seguridad, el uso legítimo de los datos de los pacientes y la seguridad de los datos relacionados con la salud, en general”.

Así se expresa Shyamsree Nandiun, analista de Capgemini, en un artículo dedicado a las nuevas posibilidades que la tecnología de cadena de bloques o blockchain brinda en el ámbito de la salud digital.

“Esas preocupaciones siguen siendo reales, pero se mitigan en muchos frentes mediante el uso de la tecnología adecuada”, continua Nandiun. Pone como ejemplo el proyecto lanzado por Estonia en 2012 para aplicar la cadena de bloques. Hoy en día, el 99% de sus datos de salud están digitalizados. Y el 100% de la facturación se realiza electrónicamente en un país con una población de 1,32 millones, aproximadamente.

Tendencia al alza

En 10 años, el panorama ha cambiado tanto que actualmente la mayoría de las compañías que operan en este sector prevén convertirse en 100% digitales en los próximos tres o cuatro años. No obstante, para Nandiun, el mayor desafío es permitir una coordinación de la atención sin fallos, “dado que la atención médica es administrada por tantas partes diferentes a lo largo del ciclo de valor”. Por eso es clave mejorar los sistemas de intercambio de datos.

A su vez, la tecnología blockchain está ligada a la ‘prueba de conocimiento cero’ (protocolo criptográfico que sirve para que una de las partes pruebe a la otra que una declaración es cierta, sin revelar nada más que la veracidad de dicha declaración), los libros de contabilidad digitales distribuidos y la inmutabilidad de registros, compatibles con los componentes básicos de un conjunto de servicios de coordinación de la atención sanitaria eficiente.

Todo esto se traduciría, por ejemplo, en la imposibilidad para cualquier actor de la cadena de valor de la atención médica reconstruir completamente la historia clínica de un paciente. “Este es un gran salto que la industria de la salud necesita hoy en día para impulsar el uso ético de los datos de salud más privados”, reclama Nandiun. Del mismo modo, los libros de contabilidad distribuidos pueden otorgar la propiedad de segmentos aislados del recorrido del paciente por el sistema sanitario sin requerir que el registro físico se mueva de su ubicación, “lo que permite la transparencia y al mismo tiempo preserva la dinámica del health journey”.

Por último, la inmutabilidad garantiza que el registro no pueda en ningún momento ser alterado sin que el resto de actores de la cadena lo vea. “Eso, junto con la auditoría y la trazabilidad de cada acción, dificultaría enormemente el fraude en la atención médica o las filtraciones de datos”, argumenta Nandiun.

Interoperabilidad

Otro aspecto interesante de blockchain es que está diseñada para la interoperabilidad y tiene la capacidad para abrir sistemas clínicos sin sacarlos de donde estén alojados. “A eso hay que sumar la capacidad de usar contratos inteligentes, que podrían definir registros de transacciones inmutables de todos los intercambios conocidos del historial médico de un paciente”. Dentro de esta dinámica se podrían incluir, asimismo, los documentos de consentimiento informado, “ofreciendo al miembro total flexibilidad para modificar los niveles de consentimiento según sea necesario”.

A largo plazo, “la inteligencia artificial podría influir en el inicio de modelos de financiación de la salud completamente nuevos”, aventura la consultora de Capgemini. “Aunque aún es incipiente, el blockchain tiene cada vez más predicamento, dado el enfoque en la salud digital y un mayor número de servicios de salud abiertos a adoptar modelos de coordinación y de prestación de la atención más modernos”, concluye.